Aviso de salud: Esta página trata temas relacionados con la investigación sanitaria y la tradición. No es consejo médico. No la utilice para diagnosticar, tratar, curar o prevenir ninguna enfermedad. Consulte a un profesional sanitario cualificado antes de cambiar su alimentación o suplementos.

Pocas afirmaciones sobre las semillas de calabaza son tan persistentes y tan repetidas como su supuesta capacidad para mejorar la potencia sexual masculina. Detrás de esta creencia hay un razonamiento nutricional real, pero bastante más limitado de lo que sugiere la tradición popular.
El zinc es un mineral esencial para la producción de testosterona, y su deficiencia severa puede efectivamente afectar la función sexual. Las semillas de calabaza contienen zinc, lo que ha alimentado durante décadas la idea de que consumirlas mejora directamente los niveles hormonales y el rendimiento sexual.

En muchas culturas, las semillas de calabaza se han asociado tradicionalmente con la virilidad y el vigor masculino, una reputación que se remonta generaciones y que sigue alimentando el marketing de suplementos «naturales» para el rendimiento sexual en la actualidad.
El zinc solo mejora la función sexual en personas con deficiencia real de este mineral, algo poco común en dietas occidentales equilibradas. Para alguien con niveles normales de zinc, consumir más semillas de calabaza o su aceite no eleva la testosterona ni mejora la potencia de forma medible.

No existen estudios clínicos sólidos que demuestren un efecto directo del aceite de semillas de calabaza sobre la función sexual en hombres con niveles hormonales normales. La investigación sobre zinc y testosterona se centra en casos de deficiencia clínica, no en suplementación general en personas sanas.
Alimentos como las ostras, la carne roja o las legumbres aportan cantidades de zinc considerablemente mayores por ración que las semillas de calabaza. Quien tenga una deficiencia real de zinc confirmada por análisis debería centrarse en su alimentación general y, si el médico lo indica, en suplementación específica, no en depender de un solo alimento.
La combinación de tradición cultural arraigada, un mineral con conexión bioquímica real a las hormonas, y el atractivo comercial de un remedio «natural» para un tema tan sensible como la sexualidad masculina explica por qué esta afirmación persiste, a pesar de la falta de evidencia directa sólida. Para dudas específicas de salud sexual, consulte a un médico o urólogo.