
Bajo el nombre «aceite de semilla de calabaza» conviven productos muy distintos. El color, el origen, la intensidad y el precio pueden variar mucho. La clave está en saber si se trata de aceite puro, qué semillas se han usado y cómo se ha prensado.
Es el estilo más conocido. Las semillas sin cáscara de Cucurbita pepo var. styriaca se muelen, se mezclan con agua y sal y se tuestan lentamente antes de prensarlas. Así surge un aceite oscuro, de aroma intenso y con notas de nuez tostada, sésamo y cereal.

En este método se omite el tostado. El aceite conserva un tono verde oliva más abierto y un sabor más fresco y delicado. Sigue siendo un producto de gran personalidad, pero resulta menos dominante en el plato que la versión tostada.
La IGP del aceite de Estiria protege el origen de las semillas, la zona de producción y el método definido en el pliego. Encontrar el logotipo europeo y la denominación protegida facilita reconocer un aceite cuya trazabilidad ha sido comprobada.

Las semillas sin cáscara también se cultivan en otros países. Pueden dar aceites agradables y bien elaborados, pero no son automáticamente aceite estirio. El clima, las líneas de cultivo y la tradición de prensado cambian el perfil final.
Algunas botellas combinan aceite de semilla de calabaza con girasol, colza u otros aceites neutros. No son necesariamente malas, pero ofrecen menos color y menos intensidad. La lista de ingredientes y los porcentajes indican cuánto aceite de calabaza contiene realmente la botella.
El sello ecológico habla del modo en que se cultivaron las semillas; no sustituye a una indicación de origen. Un aceite puede ser ecológico e IGP a la vez. Para elegir, conviene considerar ambos datos junto con el método de prensado.
Si quiere afinar su elección, consulte nuestra guía sobre mezclas, importaciones y etiquetas y descubra qué revelan el color y el sabor.