
El aceite de semilla de calabaza estirio es un aceite de acabado, no una grasa para la sartén. Sus compuestos aromáticos tostados se forman durante la elaboración y se perciben mejor en frío o sobre un plato ya terminado. Freír con él no es una cuestión de tradición: desperdicia su sabor más distintivo.
El punto de humo del aceite prensado en frío ronda los 120 a 130 °C, por debajo de los 160 a 190 °C habituales al freír. Por encima de ese umbral el aceite se degrada. Sin embargo, el aroma comienza a perderse antes, incluso con exposiciones prolongadas de 60 a 70 °C. El punto de humo es el límite; el sabor se deteriora mucho antes.

Al calentarlo directamente, las notas de nuez se vuelven más amargas y ásperas. También puede aparecer un matiz acre y el color oscuro mancha los ingredientes de manera irregular. El resultado suele ser peor que cocinar con una grasa neutra y añadir unas gotas del aceite al final.
Para saltear, asar o freír, elija aceite de colza, girasol o mantequilla clarificada. Son medios más estables a altas temperaturas y permiten conservar el aceite de semilla de calabaza para el último gesto. Separar el aceite de cocción del aceite de acabado da un resultado más claro y aromático.

Existe un término medio útil: añada el aceite a platos calientes que ya no estén cocinándose. Pasta o risotto emplatados, verduras sacadas del horno tras uno o dos minutos de reposo y sopas servidas en un cuenco aceptan muy bien un hilo final. El calor libera el aroma sin castigarlo durante demasiado tiempo.
En masas horneadas a menos de 180 °C y con tiempos breves, puede aportar un fondo de nuez a crackers de semillas, pan de centeno o magdalenas de calabaza. Sustituya como máximo la mitad del aceite neutro de la receta. El resultado no tendrá el carácter vivo del aceite crudo, sino una nota más discreta e integrada.
Piense en este aceite como en un condimento: se añade al final y en poca cantidad. Ensaladas, sopas, huevos, yogur, pan, patatas y helado de vainilla son usos especialmente agradecidos. La cocina estiria ha construido muchas combinaciones alrededor de este principio.
Evite incorporarlo a una sartén caliente, a una bandeja aún dentro del horno o como base para saltear. Úselo sobre ensaladas justo antes de servir, en sopa ya servida, sobre platos templados reposados y en preparaciones frías. Puede calentarlo, igual que se puede hervir vino; la cuestión es que así pierde lo que lo hace especial.