
La historia del aceite estirio une botánica, paciencia campesina y orgullo regional. Durante siglos, una calabaza procedente de América fue transformándose en un producto propio de Estiria, reconocido hoy por su sabor y por un origen cuidadosamente protegido.
La especie Cucurbita pepo llegó a Europa en el siglo XVI. Sus frutos se conservaron bien en las despensas rurales y sus semillas ofrecían alimento y aceite. Al principio se cultivaban variedades con semillas de cáscara dura, poco prácticas para una producción amplia de aceite.

Entre los siglos XVII y XVIII apareció en la región una variante con semillas sin cáscara. Los agricultores guardaron esas semillas para las siguientes siembras y la cualidad se extendió poco a poco. La variedad se describió más tarde como Cucurbita pepo var. styriaca.
En el siglo XIX, los pequeños Ölmühlen ya eran parte habitual del paisaje rural. Molían las semillas, tostaban la pasta y prensaban el aceite para las familias de la zona. Era un alimento cotidiano: para ensaladas, sopas, pan y platos sencillos.

El siglo XX trajo motores, mejores equipos de limpieza y secado, y prensas más eficientes. Muchas almazaras crecieron; otras conservaron su escala familiar. La técnica avanzó sin borrar el gesto esencial: tratar las semillas con cuidado antes de extraer su aceite.
En 1996, el Steirisches Kürbiskernöl obtuvo la IGP europea. Esta protección define la variedad de semilla, la zona de cultivo y la elaboración. Para quien compra, el sello ofrece una garantía clara de trazabilidad y de vínculo real con el territorio.
Hoy el aceite estirio aparece tanto en las cocinas de casa como en restaurantes, fiestas de cosecha y visitas a molinos. Su historia no está cerrada: cada nueva campaña aporta un matiz distinto, pero mantiene la relación entre la tierra, las semillas y las personas que las trabajan.
Conozca el contexto actual en nuestra página sobre el origen en Austria y Estiria y vea cómo se reconoce el producto en la guía de la IGP.