
El aceite de semilla de calabaza aporta aproximadamente 120 kilocalorías por cucharada sopera (unos 14 ml), lo que lo sitúa en la misma categoría calórica que el aceite de oliva, el aceite de girasol o la mantequilla. Esto no es sorprendente: todos los aceites y grasas culinarias comparten una densidad energética alta porque están compuestos casi exclusivamente de lípidos, que aportan 9 kilocalorías por gramo independientemente de su origen. La diferencia entre un aceite y otro no está en las calorías totales sino en el tipo de ácidos grasos que los componen y en los micronutrientes que pueden acompañarlos.

La cantidad de calorías que aporta el aceite de semilla de calabaza en la práctica depende casi por completo de la dosis. En uso culinario habitual — un chorro sobre una ensalada, unas gotas sobre una sopa, una cucharadita mezclada con un aliño — la contribución calórica es perfectamente manejable dentro de una dieta equilibrada. El problema aparece cuando el aceite se utiliza como suplemento en dosis de dos o tres cucharadas diarias, algo que algunos contextos de bienestar recomiendan: esas dosis añaden entre 240 y 360 kilocalorías al día, lo que es significativo para cualquier persona que gestione su ingesta calórica total. Usar el aceite con consciencia de dosis es más eficaz que evitarlo completamente por su aporte energético.

Que un alimento sea denso en calorías no es intrínsecamente negativo. Los aceites, las nueces, las semillas y las legumbres tienen una densidad energética alta precisamente porque concentran nutrientes. La cuestión relevante no es si el aceite engorda en abstracto, sino cuánto aporta en relación con el conjunto de la dieta. Una cucharadita de aceite de semilla de calabaza añadida a una ensalada de vegetales aporta sabor, ácidos grasos insaturados y compuestos menores con potencial interés nutricional, todo ello por unas 40 kilocalorías. Eso es distinto a añadir varias cucharadas a un batido ya calórico con la expectativa de un efecto terapéutico que no está demostrado. El perfil de ácidos grasos del aceite —con predominio del ácido linoleico y del oleico— se describe con detalle en la composición de ácidos grasos.
A efectos calóricos, el aceite de semilla de calabaza no difiere de otros aceites vegetales: todos aportan entre 115 y 125 kilocalorías por cucharada dependiendo de la densidad exacta. La diferencia está en el perfil de ácidos grasos y en los compuestos minoritarios. El aceite de semilla de calabaza tiene un contenido relativamente alto en ácido linoleico (omega-6) y aporta vitamina E, fitoesteroles y compuestos fenólicos en cantidades variables según el método de prensado. Estas características lo distinguen nutricionalmente sin que ello implique una diferencia calórica respecto a otras grasas.
Cuando el aceite se usa no como condimento sino como suplemento — a dosis regulares y a menudo elevadas — conviene ser preciso sobre las calorías que añade. Un régimen de tres cucharadas diarias aporta alrededor de 360 kilocalorías extra, equivalentes a una comida ligera. Esto puede ser irrelevante para algunas personas y determinante para otras. Quien siga una dieta con un objetivo de peso específico debe contabilizar el aceite del mismo modo que cualquier otra grasa. Los valores nutricionales completos del aceite, incluyendo macronutrientes y micronutrientes, están disponibles en los valores nutricionales. El zinc y los minerales presentes en el aceite de semilla de calabaza se tratan por separado en el artículo sobre el zinc.
Aviso nutricional: Las cifras de nutrientes son orientativas y dependen del producto y la ración. No constituyen declaraciones de propiedades saludables según el Reglamento (CE) nº 1924/2006.