
Un aliño es una de las maneras más rápidas de comprender el aceite de semilla de calabaza estirio. Su carácter tostado y profundo no queda en segundo plano tras el vinagre: dirige el conjunto. Por eso conviene dosificarlo con más cuidado que un aceite suave y darle un contrapunto ácido que conserve su brillo.
Como punto de partida, use una parte de aceite por dos de ácido. Para una ensalada de dos personas basta una cucharada de aceite, dos cucharadas de vinagre de sidra, una pizca de sal y, si hace falta, media cucharadita de miel. Parece poco aceite, pero su sabor se distribuye por todas las hojas al mezclar.

El vinagre de sidra suave es el acompañante tradicional. Mézclelo con el aceite, una pizca de azúcar o miel y sal marina en un tarro pequeño; agite justo antes de servir. No es necesario lograr una emulsión perfecta: la textura ligera funciona muy bien sobre canónigos, rúcula, pepino y rabanitos.
Para patatas, lentejas o verduras asadas, una emulsión se adhiere mejor. Bata media cucharadita de mostaza de Dijon con dos cucharadas de vinagre y sal. Incorpore lentamente una cucharada de aceite de semilla de calabaza y, si desea más volumen, una segunda cucharada de aceite neutro. Termine con pimienta y cebollino.

Tres cucharadas de yogur natural entero, una de aceite, una de zumo de limón, ajo rallado, sal y eneldo forman una salsa fresca. Las vetas oscuras del aceite sobre el yogur blanco son deseables. Sirve para pepino, remolacha, zanahorias asadas o pescado a la plancha ya emplatado.
Las hojas con sabor, las patatas, las legumbres y los cereales soportan bien este aliño. La burrata, la mozzarella muy suave o el pescado blanco delicado pueden quedar tapados; en esos casos, añada solo unas gotas directamente en el plato. La endivia y el radicchio aportan un amargor que equilibra su intensidad.
Aliñe las hojas justo antes de llevarlas a la mesa, porque pierden firmeza con rapidez. Las patatas templadas y los cereales, en cambio, mejoran si reposan diez o quince minutos con el aceite y el vinagre: absorben el aliño en lugar de dejarlo en el fondo del cuenco.
Una vinagreta sencilla aguanta hasta tres días en un tarro cerrado en la nevera. El aceite se espesará un poco: déjelo fuera quince minutos y agítelo. Los aliños emulsionados se disfrutan mejor recién hechos; el de yogur puede conservarse dos días, aunque el ajo gana fuerza con el tiempo.