Aviso de salud: Esta página trata temas relacionados con la investigación sanitaria y la tradición. No es consejo médico. No la utilice para diagnosticar, tratar, curar o prevenir ninguna enfermedad. Consulte a un profesional sanitario cualificado antes de cambiar su alimentación o suplementos.

El uso de semillas de calabaza contra las lombrices intestinales es uno de los remedios tradicionales más extendidos y con más historia detrás, presente en culturas de todo el mundo desde hace siglos. Esta longevidad tradicional coincide, en este caso, con cierto respaldo científico real, aunque con matices importantes.
A diferencia de muchos remedios populares sin base comprobada, el uso antiparasitario de la semilla de calabaza cuenta con estudios científicos que respaldan parte de su efecto tradicional, centrados en un compuesto específico presente en la semilla.

La cucurbitacina, presente en la semilla de calabaza, tiene un efecto paralizante demostrado sobre ciertos parásitos intestinales, lo que facilita su expulsión natural del organismo cuando se combina con un laxante suave, un método tradicional documentado en estudios etnobotánicos y algo de investigación farmacológica.
Algunos estudios en animales y ensayos limitados en humanos han confirmado cierta actividad antiparasitaria de extractos de semilla de calabaza contra determinados parásitos, aunque la evidencia clínica moderna sigue siendo menos extensa que la usada para medicamentos antiparasitarios convencionales, que cuentan con estudios mucho más rigurosos.

La cucurbitacina y otros compuestos activos se concentran en la semilla, especialmente en su cubierta, no en el aceite extraído. El aceite de cocina, al ser principalmente grasa, no conserva estas propiedades antiparasitarias de la misma manera, por lo que no debe considerarse un tratamiento para parásitos.
En algunas regiones rurales, el remedio tradicional consistía en masticar semillas crudas peladas en ayunas durante varios días consecutivos, seguido de un purgante natural. Esta práctica histórica, documentada en estudios etnobotánicos centroeuropeos, es muy distinta de simplemente añadir aceite de calabaza a las comidas diarias.
Si sospecha una infección parasitaria, la vía correcta es consultar a un médico para un diagnóstico preciso y un tratamiento farmacológico probado, no depender de semillas de calabaza como único remedio. Los parásitos intestinales requieren confirmación diagnóstica y tratamiento supervisado.